Respirar es una de las funciones más básicas de nuestro organismo. Lo hacemos de manera automática miles de veces al día y, precisamente por eso, pocas veces nos paramos a pensar en cómo respiramos.
La respiración no solo nos permite mantenernos con vida. La forma en la que respiramos está relacionada con nuestra postura, nuestra capacidad para realizar ejercicio, nuestra recuperación y también con la manera en la que nuestro organismo responde a diferentes situaciones.
¿Por qué deberíamos prestar atención a nuestra respiración?
Aunque respirar es algo automático, también podemos aprender a percibirla y modularla. En condiciones normales realizamos aproximadamente entre 12 y 20 respiraciones por minuto, pero factores como el ejercicio, el estrés, la postura o nuestro estado emocional pueden modificar considerablemente nuestra forma de respirar.
La respiración y el movimiento están estrechamente relacionados. La mecánica respiratoria implica la participación de diferentes estructuras musculares y puede influir en cómo organizamos y estabilizamos nuestro cuerpo. Por eso, observar cómo respiramos puede aportar información interesante dentro de un proceso de entrenamiento.
Pero su importancia no termina ahí.
Respiración, sistema nervioso y estado emocional
La respiración mantiene una relación bidireccional con nuestro sistema nervioso autónomo. Dependiendo de la situación, nuestro organismo puede modificar el ritmo y la profundidad de la respiración como parte de su respuesta.
Cuando estamos nerviosos, preocupados o sometidos a una situación de estrés, nuestra respiración puede cambiar. Y, del mismo modo, modificar voluntariamente determinados aspectos de nuestra respiración puede ayudarnos a generar un estado de mayor calma y control.
Esto refleja una conexión muy interesante entre respiración, sistema nervioso y estado emocional. No significa que respirar de una determinada manera vaya a solucionar cualquier problema, pero sí que puede convertirse en una herramienta más dentro de una estrategia de regulación.

¿Y qué tiene que ver todo esto con el rendimiento?
Mucho.
Durante el ejercicio, nuestras necesidades respiratorias aumentan. La capacidad de gestionar adecuadamente la respiración forma parte de las demandas fisiológicas del esfuerzo y puede influir en cómo afrontamos diferentes tareas.
Por eso, trabajar la respiración no consiste únicamente en aprender a “respirar mejor”. También consiste en entender cómo responde nuestra respiración ante diferentes movimientos, intensidades y situaciones.
En un entrenamiento, puede tener sentido trabajar la conciencia respiratoria, la movilidad, el control del tronco y diferentes estrategias respiratorias dependiendo del objetivo y de las características de cada persona.
Respirar también forma parte del entrenamiento
No existe una única forma perfecta de respirar para todo el mundo ni una técnica que deba aplicarse de la misma manera en cualquier situación.
La respiración debe entenderse dentro del contexto de cada persona, su actividad, sus objetivos y sus necesidades. En algunos casos será interesante trabajar la conciencia y el control respiratorio; en otros, simplemente aprender a reconocer cómo cambia nuestra respiración durante el movimiento.
Lo importante es dejar de verla como algo que simplemente ocurre y empezar a prestarle atención cuando el contexto lo requiere.
Porque si entrenamos nuestra fuerza, nuestra movilidad, nuestra resistencia o nuestra coordinación, ¿por qué no vamos a prestar también atención a una función que está presente en cada entrenamiento y en cada momento de nuestro día?
Respirar también se entrena.